Nutrición para la tercera edad


Con el paso del tiempo es normal que el cuerpo vaya experimentando ciertos cambios propios de la edad. Frente a estos cambios se deben tomar medidas para que su impacto no sea muy grande ni represente desmejoras en la calidad de vida del adulto mayor.

Dentro de estos cambios se encuentran los relacionados con la nutrición debido a la reducción de las sustancias estomacales que ayudan a los procesos digestivos, así como también problemas con la dentadura, la salivación, además del incremento de la posibilidad de sufrir algunas enfermedades que requieren mayor cuidado de la alimentación como la diabetes o la hipertensión.

Adaptando el tipo de dieta de acuerdo a las condiciones y requerimientos energéticos de esta etapa, las personas de la tercera edad pueden disfrutar de buena salud, mantenerse en forma y activas, lo que además influye positivamente en su estado de ánimo.

Es necesario estar atentos a algunos síntomas que pueden indicar una malnutrición en las personas de la tercera edad como anemia, cansancio fuera de lo normal y pérdida considerable de peso.

Por otra parte, es muy importante cuidar de la correcta alimentación en casos de cambios de ánimo ocasionados por situaciones de estrés emocional como duelo, separación de los seres queridos o retiro laboral.

¿Cómo debe ser la alimentación en la tercera edad?

La dieta de las personas mayores debe estar elaborada de acuerdo a las condiciones particulares de cada quien, las actividades físicas que realiza y la cantidad de calorías que requiera tomando en cuenta su gasto energético.

En líneas generales debe ser equilibrada incluyendo alimentos de todos los grupos considerando los cambios en las necesidades del organismo.

El consumo de carnes debe ser limitado y de preferencia un mayor porcentaje de carnes blancas, que de carnes rojas. Las proteínas en general deben estar presentes en la alimentación de las personas de la tercera edad pero no abusar de ellas.

También es importante el consumo de calcio, necesario para disminuir el riesgo de enfermedades relacionadas con los huesos, las cuales suelen ser muy frecuentes en la vejez.

Los cereales, frutas y legumbres no pueden faltar en la dieta y deben consumirse en buenas cantidades.

Por otra parte, es muy importante incluir alimentos ricos en vitaminas o en su defecto obtenerse a través de suplementos, siempre y cuando hayan sido previamente autorizados por el médico.

Tanto la sal como el azúcar pueden usarse (a menos que exista una condición especial que lo prohíba) pero sin abusar. Del mismo modo deben reducirse las bebidas excitantes como el café, las que contengan alcohol o mucha cantidad de azúcar como las gaseosas.

Para evitar el rechazo a la comida que en ocasiones pueden experimentar los ancianos se recomienda presentarle porciones pequeñas varias veces al día y no en grandes cantidades, tomar en cuenta los gustos de la persona, elaborar alimentos fáciles de masticar y crear un ambiente tranquilo y agradable a la hora de comer.

Pequeños pero efectivos cambios en los hábitos alimenticios contribuyen a la salud tanto física como mental del adulto mayor.